Aquella casita urbana, en los barrios de la multiplicación.
Ventanas
Cientos de ellas tapizan el paisaje de nuestra ciudad. De noche se vuelven incandescentes y luminosas, de día se confunden con el gentío que viene y va, que según las horas toma por arrebato los espacios de la ciudad.
La ventana algo tan necesario en la conformación de nuestros espacios, por ellas miramos al mundo, nos comunicamos y del algún modo interactuamos con él. La ventana puede ser un punto de conexión por donde vemos y entendemos al otro; detrás de ellas personas siempre se guardan y cuando más juntas y mayor número las vemos mas misteriosas son las vidas que ocultan, eso sucede en nuestros centros urbanos congestionados de intriga y misterio.La gente del centro ha enmudecido sus ventanas y puertas, pero aun en los barrios es distintos, estas son extrovertidas, hablan, están siempre abiertas descubriendo la impronta de quienes se asomen, dejando ver a la curiosa mirada el simple y sencillo teatro de la vida. Las ventanas en los barrios nos cuentan historias, muchas y diversas, por ellas vemos alguna panza que asoma, un medio rostro que espía, la sonrisa de un niño olvidado, la viejita que en soledad recorre el interior de su alma y la madre que a su hijo espera.Las puertas y ventanas en los barrios casi siempre son parecidas, todas muestran la crudeza de la vida sin preparación alguna, ellas no tienen costosas cortinas que simulen y escondan. A diferencia de las más urbanas ellas siempre se abren, dejan entrar sin desconfiar, reciben, son espontáneas y poco rígidas, algunas tal vez hoy permitan ver a la mirada curiosa, tal ves mañana vidriera del almancén improvisado, y pasado marco soporte de las guirnaldas y globos del una fiesta familiar. Se asemejan mucho al corazón y el alma al descubierto. Detrás de las puertas y ventanas, la casa parece no estar delimitada, ningún ambiente hogareño resulta específico. Mirando por ellas puede observar, el crucifijo colgado, los retratos ovales de los abuelos, el cable de tv que recorre serpenteando la vista, el póster de la selección argentina, el destello de la tele prendida, la heladera que hace de divisorio y a su vez de heladera, la sillas dispares, todo esto asumido en un mágico y bello concierto delineado por el color blanco de las paredes, como si su esencia purificadora quisiera dar un cierto orden. Puede que la espontaneidad de la puertas y ventanas que estuve observando respondan a que la gente del barrio aun conserva lo poco de la humanidad que la vida haig tech en centro va quitando.Lo curioso es que mas allá de todo, en los barrios las relaciones biológicas entre los vecinos son aun posibles, porque simplemente la gente se quiere o se odia pero nunca son extraños.imagen ( coquito, merchu y la maría) y texto: arq. Gustavo Ariel Sturla